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The show was yet again outstanding, the sound was the best I’ve ever heard it, probably better than any of the US shows too! it was loud and crystal clear. The crowd were on excellent form and very appreciative of every word Roger said in Spanish. It was great to sit next to two people whom hadn’t see the show before, i pointed out a couple of things to watch out for before they happened and I’m sure had i not then a lot of things would have been missed! the plane, the shadow guy spray painting the wall and the instruments rising from the stage to name a few. The show seemed to go extra quick tonight, once again the second half flying by and being over in a heartbeat!

Review thanks to Simon Wimpenny.


“The Wall” es el disco más vendido de la década del ´70, fue editado en 1979 y llevado al cine por Alan Parker en 1983. En su día Pink Floyd lo presentó en una gira de 31 conciertos, que debido al altísimo costo de producción sólo se pudieron realizar en cuatro ciudades: Los Angeles, Nueva York, Londres y Dortmund. Años más tarde, en 1990, Roger Waters ya alejado de Pink Floyd, realizó el megaconcierto con artistas invitados llamado “The Wall en Berlín”, para conmemorar la caída del muro que dividía la ciudad. Hoy a más de treinta años de su aparición, Roger Waters reivindica “The Wall” como su gran obra maestra, aprovechando los últimos adelantos tecnológicos para sorprender con un show multimedia increíble y actualizando el mensaje original para hacer una crítica sobre los problemas mundiales actuales. “The Wall”, esta fantasía megalómana de Roger Waters, ya no es solamente la historia de un hombre asustado que construía un muro a su alrededor. Aquella metáfora del aislamiento individual hoy se convierte en un alegato antibelicista. En palabras de su creador: “The Wall ahora tiene una lectura más amplia, esta vez el espectáculo tiene más que ver con la manera en que construímos muros alrededor de fronteras nacionales, políticas e ideológicas, y cómo necesitamos ayudarnos para derribarlos”. El show: Desde el comienzo percibimos que esta nueva versión de “The Wall ” es mucho más que un concierto, es un espectáculo audiovisual de rock apabullante que llega más allá de lo que cualquier ser humano ha visto. Por momentos me quedé sin palabras ante tan impresionante despliegue de talento musical y visual. El principio con “In the flesh?” no pudo ser más impactante. La presencia de Roger Waters vestido de negro domina el escenario adornado por banderas, hasta que todo es totalmente invadido por pirotecnia, sonidos envolventes y explosiones de guerra, pero lo más increíble es el avión Spitfire que cruza por encima de las cabezas de la gente para estrellarse contra un extremo del escenario. Tremendo! Todos quedamos alucinados. Después de tanta adrenalina pasamos a la calma intimista de “The thin ice”, con imágenes proyectadas de fichas de víctimas de la guerra omnipresente durante todo el concierto, también hace su presentación el vocalista Robin Wykoff , quien se encarga de cantar las partes de David Gilmour. La pared incipiente comienza a tomar forma a medida que los operarios van colocando grandes bloques mientras la banda toca el hit mundial “Another brick in the wall Part 2”. Aquí aparece un gran muñeco gigante del profesor tirano, quien es increpado por un grupo de niños que corean el famoso estribillo, y aunque cantaron en playback el resultado final fue genial. Los guitarristas Dave Kilminster y Snowy White se reparten los solos en este tema. Roger Waters con su guitarra acústica canta “Mother”, y nos sorprende con un truco tecnológico haciendo un dúo consigo mismo proyectado en la pantalla gigante circular, extraído de una grabación del concierto de Earls Court de 1980. Mientras Roger cantaba, un muñeco gigante de la posesiva madre lo observaba, y en la pared se podía leer “The big mother is watching you”. Snowy White, guitarrista que ya colaborara con Pink Floyd, ejecuta el inolvidable solo de guitarra. Imágenes de blancas palomas que dejan paso a bombarderos B52, quienes arrojan una lluvia de símbolos religiosos y de empresas multinacionales nos conmueven en la preciosa “Goodbye blue sky” que se engancha con “Empty spaces” y con el tema puente “What shall we do now?”, temas que muestran los impresionantes dibujos de Gerald Scarfe, utilizados en la película de Alan Parker y en el concierto de Berlín. Era un placer disfrutar de la perfección del sonido envolvente, los efectos especiales e imágenes proyectadas muy cuidadas en esta parte del show. Luego la rockerísima “Young lust” y “One of my turns” nos conducen a la desgarradora “Don’t leave me now”. Aquí aparece el muñeco que representa a la mujer que destrozó sentimentalmente a nuestro protagonista. Podemos destacar que Roger Waters se ha esforzado enormemente en clases de canto para cantar en buen nivel y hasta superar lo hecho en giras anteriores, y en ciertas ocasiones abandona el bajo para dedicarse sólo a cantar y a la interpretación teatral en algunos momentos. Con la pared casi levantada “Another brick in the wall Part 3” y “The last few bricks”, no incluída en el disco original, se prepara el mágico final de la primera parte, y con la última nota de “Goodbye cruel world” el muro se cierra.

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En el comienzo de la segunda parte nos enfrentamos al inmenso muro que cubre todo el escenario con sus 70 metros de largo y más de 10 de alto. Pero detrás de la pared que recién se ha levantado, la banda está tocando “Hey you” y se crea un momento mágico porque sólo vemos un muro frío, amenazante, que gracias a los efectos especiales parece cobrar vida y será el gran protagonista de la noche. Se abre una pequeña ventana para que Roger cante la desoladora “Is there anybody out there?”, y aparece Snowy White para tocar el magnífico solo de guitarra. Luego se abre otra ventana en donde vemos un living con Roger Waters sentado en un sillón mirando televisión, y canta la conmovedora “Nobody Home”. Waters continúa solo para cantar “Vera” y “Bring the boys back home” en donde se proyectan emotivas imágenes de niños norteamericanos abrazándose con sus padres cuando regresaron de la guerra de Irak. A continuación llega el momento sublime de la noche, el más esperado por todos, “Confortably Numb”, el pasaje memorable de esta ópera rock, que nos muestra a Roger haciendo de frontman solitario ante la inmensidad del muro, mientras la banda aún permanece detrás. Aparece sobre el muro Robbie Wicoff que interpreta con su estilo el emotivo estribillo que cantara David Gilmour, pero la gran performance de la noche es la de Dave Kilminster, excepcional guitarrista que ya trabajó para Waters, quien se luce tocando de manera impecable en lo alto de la pared, el solo de guitarra fiel al espíritu del tema. El realismo de los efectos sobre el muro hacen que cobre profundidad y movimiento, y tras un golpe de Roger, éste estalla y se abre interiormente despojándose de la pesada piel de ladrillos grises, para emitir maravillosas imágenes de luces y colores. Finalmente vuelve a cerrarse… La banda aparece por delante de la pared para tocar “The show must go on”, con todos los músicos vestidos con uniformes. En esta parte todo cambia. La estética totalitarista se apodera del escenario, y se suceden las conocidas imágenes que hacen guiños al la simbología nazi o soviética, mientras se une Waters luciendo un abrigo largo y anteojos negros, listo para cantar la segunda parte “In the flesh”. Un jabalí negro (que sustituye al famoso cerdo volador de Pink Floyd) surca el espacio, y luego Roger en un acto de locura finaliza la canción disparando al público con una ametralladora. “Run like hell” muestra inscripciones de Kafka y George Orwell sobre la pared que ahora luce una arquitectura monumentalista, aunque constantemente va cambiando de forma que nos asombran. La pared nos habla, nos inquieta, nos incomoda y nos aplasta. Luego “Waiting for the worms” con Roger cantando con un altavoz, muestra las imágenes de la película de Alan Parker, con el particular ejército apocalíptico de martillos marchando imponente. “Stop” da el paso justo para el delirio teatral en el que Waters interpreta las voces de todos los personajes de “The trial”, que llega al clímax con la demolición final del muro, una escena escalofriante. La euforia y la emoción nos desbordan por todas partes. Unos minutos después, la banda aparece entre los escombros para tocar la acústica “Outside the wall” y despedirse del público. El resultado final es tan apabullante que es imposible no sentirse tocado, es una experiencia total, musical y emocional. “The Wall” es uno de los espectáculos más impresionantes jamás ideados en nuestra cultura popular del rock, donde el virtuosismo técnico y el perfeccionismo visual alcanzan un nivel superlativo. Creo que el Roger Waters que vimos hoy dista mucho de aquel hombre cínico, angustiado y desesperado de hace más de 30 años. Este es un hombre sesentón amable que disfruta y celebra la grandeza de su obra maestra, la más ambiciosa del rock de todos los tiempos.

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Review & all pictures thanks to Fernando Gonzalez








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